Él o yo, pero no los dos - PARTE 1, EL ENCUENTRO


Y entonces… mis mejillas ardieron y mi cuerpo tembló como un flan. Él, era mucho más guapo en persona de lo que pude haber imaginado. Todas aquellas fotos que me había enviado no le hacían justicia a su belleza real. Su mentón amplio y masculino me seducía. Su estatura era apenas unos cinco centímetros más alto que yo. Sí, simplemente perfecto para mí y… para mi otro yo.

 

–¡Ariel! –De pronto, una segunda voz me saluda y con ello me baja de mi nube abruptamente. Sonrío e intento responder, pero mi voz no sale al ver como un hombre toma de la cintura a mi amigo. Con un esfuerzo titánico intento mantener mi sonrisa, levanto mi mano y la agito levemente en el aire para saludar a mi amigo y… su marido.

 

#

 

Entramos a la cafetería. Un pequeño y sencillo local con ventanas amplias que junto con las paredes blancas permitían una buena y distribuida iluminación. Buscamos una meza disponible cerca de alguna ventana. Su marido no suelta la cintura de mi amigo. Mantengo una distancia prudente caminando por detrás de ellos. Miro hacia el suelo por un instante sin detenerme y suspiro al tiempo que pienso en la linda paraje que forman ellos dos.

– ¡Ah! – me quejo tras golpearme el pie con una de las sillas.

Ellos voltean al escuchar mi exclamación. Me trago un montón de palabras obscenas y me obligo a sonreír mientras muevo mi mano para que ellos continúen caminando. Qué pesadilla. Empiezo a dudar si esto ha sido una buena ida. He viajado desde otro país para conocer a un ciber amigo y ahora mi cuerpo reacciona como el de una chiquilla de quince años, esto no parece ser prometedor. Esta podría ser una semana que jamás olvidaré para bien o … para mal.

“¡No! Debo controlarme”, me digo a mí misma. No pienso arruinar este encuentro que llevamos planeando desde hace un año. Somos simples amigos y esta será la mejor semana que haya vivido en mucho tiempo. Decidida a controlar mi cuerpo y emociones a toda costa camino hacia la mesa. Me siento. Miro el menú frente a mí.

–Vaya, no conocía esa parte de usted –me dice mi amigo a modo de broma, como si fuera una desconocida.

–¿Eh? ¿De qué hablas? –digo aparentemente sin que me importe. No dejo de leer la carta del menú.

–Sí… tímida. Ver a una diva ser tímida es algo que uno no se espera.

–No… no sé de qué hablas –intento defenderme y sin darme cuenta escondo mi rostro en el menú. Por suerte, la camarera llega para pedir la orden. –Una malteada unicornio –pido de inmediato. Necesito azúcar. Necesito dejar de actuar como una tonta.

La señorita nos trae los pedidos y doy un sorbo grande a mi malteada de colores pasteles. Un golpe de azúcar unido al hielo de la malteada crea una explosión en mi interior ¿Quién dijo que solamente el alcohol puede darle una sacudida al cuerpo? Sonrío divertida. Hasta la cabeza me ha dolido por el hielo. Empiezo a hablar con fluidez y cuando menos me doy cuenta ya han pasado treinta minutos de risas y recuerdos. Después de una hora decidimos salir a caminar. El quiere mostrarme la ciudad… y su marido… él debe ir a trabajar. Así que nos quedamos solos.


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